Mostrando entradas con la etiqueta recuerdos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta recuerdos. Mostrar todas las entradas

4/2/23

Un Casio W-218 para ilustrar un estupendo artículo firmado por Antonio Moreno

Antonio Moreno escribe en uno de sus artículos de opinión para la publicación Omnes su experiencia con Casio y, con el fin de ilustrarlo, acertadamente han elegido un W-218. Y es que pocos modelos de la Casio actual podrían representar mejor aquellos relojes de los ochenta como es la línea Collection y, por supuesto, entre ellos ese imponente W-218, un modelo de estética robusta y resistente al agua 50 metros. Aquí os dejamos algunos de sus párrafos:
Aquel primer día de clase tras las vacaciones de 1985 no se me olvidará jamás. Lucir el Casio nuevecito me convirtió por un día en el más popular del colegio. Todos querían que se lo enseñase, que les mostrara todas sus funciones, escuchar su alarma y ver cómo se encendía en su modo nocturno.
Era resistente al agua hasta los 50 metros de profundidad, una característica que en mi casi medio siglo de vida no he tenido la suerte de necesitar jamás, pero que sin duda marcaba la diferencia entre "mi Casio" y todos los demás relojes que pudieran existir en mi pequeño gran universo vital.
https://omnesmag.com/firmas/aquel-casio-del-85/

28/12/22

La merienda

Con esto merendábamos después del cole... Ahora veo el dibujo de ese niño en el pastelito y me da entre risa y nostalgia, pero entonces me parecía alucinante. ¡Ah, divina inocencia!

9/8/18

El mundo de los dulces: del pasado al futuro


Consumo pocos dulces. Pero cuando veo a algún conocido comiendo algún pastelillo o snack, siempre suelo preguntarle: "¿y el cromo?". La respuesta es casi siempre la misma: "No hay cromo". "¿Ya no traen cromo?" -insisto yo. "No, ahora esas cosas ya no vienen". Esas cosas no vienen. En efecto. Los cromos, o mejor aún, "adhesivos", eran esos "extra" que nos incentivaba de pequeños -por si necesitábamos aún más motivación- para adquirir ese dulce o golosina, ese chicle, patatas fritas o pastelito. Ahora es cierto que -algunos, a un precio más elevado- traen alguna "sorpresa" de penosa calidad casi siempre (bueno, vale: siempre) y hecha en China. Por eso me ha resultado muy curiosa la gráfica que he encontrado por mi banco de imágenes, y que debí recoger algún día por la Red. En ella se nos compara lo que eran los dulces antes, y lo que son ahora.

Hay multinacionales que han decidido no solo ofrecer menos por el mismo precio, sino "racanear" incluso en producto (Toblerone es un buen ejemplo de ello, modificando su diseño para que las barras de 400 gr. pasaran a ser de 360 gr., y las de 170 gr. a 150 gr.). Ahora ciertamente parecen productos más elegantes, más atractivos, pero, ¿ofrecen más cosas? Realmente no. Puede que -por imperamento legal y por obligación, casi siempre- sean más sanos, pero la experiencia con ellos es más desagradable en el sentido de que ves que adquieres mucho "hueco" sin nada, y ya no hay cromo. Ya no hay cromo.

Bollería: ¿más sana antes que ahora?


A raíz de un comentario de Guti en un post anterior en donde planteaba la duda de que quizá los dulces de antes (cuando hablo de "antes" me refiero hace veinte, treinta o cuarenta años) no solo ofrecían más cantidad y más atractivos a la hora de comprarlos sino que, además, podrían ser más sanos, me dio por intentar investigar para aclarar de alguna forma si efectivamente era así.

Por desgracia muchos de aquellos productos han desaparecido, por lo que cualquier comparación con los actuales resulta, al menos, arriesgada, así que he decidido reducirla a algunos productos que tienen su símil con bollería o "golosinas" actuales. O dicho de otra forma: que se siguieran fabricando.

Prueba "vintage": linterna de petaca de Philips


Seguramente muchos de vosotros recordaréis aquellas linternas cuadradas para pilas de petaca (3R12). Se volvieron muy populares durante los años setenta y ochenta, y eran unas linternas duraderas y muy robustas, gracias a su cuerpo de metal y a la mayoría de componentes (incluyendo el sistema de cierre, una especie de placa "en gancho", como recordaréis, que si con el uso se aflojaba podías volver a apretar) también de metal.

Éste modelo de Philips que traemos hoy a Duraderos.com, la Philips SBC2007, es uno de los últimos herederos de aquellas linternas, cuando Philips comenzaba a sustituir el metal por el plástico de forma masiva en este tipo de productos, y a fabricar en China, aunque el diseño es una clara reminiscencia de aquellos modelos metálicos de antaño.

Básculas de baño Precisa


Al igual que ocurría con las básculas comerciales Roch, de las básculas de baño antiguas hay muy poca información. Este tipo de elementos han quedado totalmente eclipsados por la vorágine de los tiempos y poco o nada se sabe de ellos, su nacimiento y su evolución. No obstante, por fortuna, este fabricante que protagoniza hoy nuestro reportaje sí continúa existiendo y aunque la producción de sus básculas en la actualidad no tienen nada que ver con las anteriores, podemos más o menos seguir su historia con bastante claridad.

Estas Precisa fueron las básculas de uso común en España durante los años sesenta y buena parte de los setenta, y por sus colores pastel (esos rojos, naranjas, verdosos y azulados típicamente sesenteros) nos podemos ya dar bastante cuenta de su edad, además de por su diseño de época, íntegra y totalmente analógico y con mirilla o ventana en forma de lupa.

La imparable corriente de "lo retro"


Las marcas más diversas han encontrado en los productos que apelan al recuerdo de años anteriores todo un filón. Estamos viendo cómo, cada poco tiempo, más y más estanterías se llenan con este tipo de productos, lo que es una muestra que viene a decirnos algo evidente: los productos de ahora no son, ni mucho menos, como los de antes.

No son como los de antes los pastelitos, ni la crema de cacao. No son como los de antes los automóviles, ni los receptores de radio. Aunque por fuera intenten parecerse.

Yogures Danone "Edición 1919"


Cuando parecía que la moda de lanzar alimentos inspirados en productos antiguos se acababa, llega Danone para confirmar que ni mucho menos es así. Desde el fabricante galo (bueno, de origen español pero desde 2002 es una compañía francesa, con su sede central en París) han lanzado hace tiempo su "edición vintage", un yogur que, con una cuidada estética retro y colores sepia quiere hacer recordarnos los yogures de aquellos primeros años del siglo pasado. Por supuesto, cualquier parecido con el original es simple coincidencia.

Y esa falta de coincidencia empieza ya en el envase, cuyo plástico era inexistente en aquellos tiempos, incluso el pack exterior en cartón no es original, pues los yogures en sus inicios no venían con él (de hecho, ni venían en packs de cartón los yogures hasta bien entrados los ochenta), simplemente vendría el yogur en un "frasquito". Pero si nos vamos atrás en el tiempo, en 1919, el envase original era de porcelana, y el yogur era un alimento que solo se consumía en ocasiones especiales. El logotipo que veis en los envases de Edición 1919 está inspirado en aquel.

El ejemplo de los encendedores piezoeléctricos


Aunque ahora no esté bien visto y marcas como Casio casi ni lo mencionen al contar su historia "oficial", ya sabéis que los japoneses hermanos Kashio empezaron a obtener el capital necesario para sufragar los gastos de los inventos que vendrían después, fabricando productos para fumadores. Durante los años ochenta, en el que las multinacionales del tabaco obtenían ingentes cantidades de dinero en forma de beneficios, -fumar seguía siendo la norma, socialmente aceptada e incluso favorecida y animada-, Casio continuaba ofreciendo artículos para fumadores, y dado que presumía de ser -y lo era- una compañía tecnológicamente puntera, ofrecía esos artículos también recurriendo a lo último en tecnología de la época. Y un ejemplo de esto lo eran los encendedores piezoeléctricos.

La presencia en el mercado actual de este tipo de encendedores -tecnológicamente más avanzados- es, sin embargo, casi testimonial. Los encendedores piezoeléctricos no tenían una piedra para chispas que sustituir, por lo tanto podrían funcionar casi ilimitadamente -en la práctica no es así, claro-. Pero el principal problema era otro: aparte de ser al principio más caros, su combustible -el gas- sí había que sustituirlo. Y cuando acababas ese gas, la mayoría acababan tirando a la basura el encendedor entero, porque son tan baratos que un encendedor genérico actual no compensa recargarlo.

Pérdidas inevitables


Sin querer o queriéndolo, la vida es una constante pérdida. Durante los primeros años de nuestra existencia vamos conociendo personas, compañeros de colegio o de diversión que con el correr del tiempo se convierten en compañeros de vida. Así, vamos acumulando experiencias, convivencias y amistades.

Pero llega un momento en que este sumatorio varía totalmente y la vida nos obliga a restar.

El primer router wifi de Telefónica


Corría el año 2005 y Telefónica empezaba a ofrecer servicios de ADSL con tecnología Wifi en un mismo paquete. Por aquel entonces en mi casa -como en tantas otras- para conectarse a internet había que armar un poco "la marimorena". Como la roseta del teléfono se encontraba en el salón (junto al teléfono que en su día, cuando esto de internet no era más que una figuración aún, se instaló), y mi módem y mi ordenador en mi habitación, tenía que desenchufar el teléfono y lanzar un cable RJ-11 a través de todo el pasillo, con la consiguiente molestia para el resto de la familia (que no le encontraban mucho el sentido ni a los ordenadores ni a internet) y, encima, la anulación del servicio de telefonía mientras estuviera conectado a internet.

Además de las molestias, el trasiego de tanto cable y de poner y quitar hacía que en la ferretería estuvieran de mí hasta el moño de tanto comprar metros y metros de cable telefónico, y aunque las rosetas las cambiaba yo mismo, los cables de conexión de cobre también estaban habitualmente en las últimas.

La radio de los domingos


No me gusta el fútbol, y mucho menos por la radio, me resulta soporífero y aburrido. Quizá porque mi padre se pasaba los domingos por la tarde escuchando el carrusel de RNE (su emisora preferida y a la que siempre le fue fiel, aunque hoy habría que llamarle "tablero deportivo" por aquello de los "copyrights", ya que, como sabéis, el término de "programa carrusel" es de la SER), y quizá por eso quedé hasta "el moño" de fútbol. Pero es verdad que, aunque los carruseles deportivos sea aún hoy uno de los espacios que más beneficios aportan a las grandes cadenas de radio, sus oyentes están en caída vertiginosa e imparable.

Normalmente cuando pasaba por los parques en mi ciudad no era nada extraño encontrarte con ancianos escuchando los partidos por la radio, pero a medida que esos ancianos van desapareciendo, esa práctica también cae en desuso y cada vez es más raro verte con un señor con el receptor en la mano oyendo los partidos.

Nuestros colores preferidos para escribir


En los primeros años de colegio teníamos pocas opciones: debíamos escribir en el cuaderno con un bolígrafo de tinta azul, y usando el rojo para ocasiones puntuales y muy "singulares". El profesor tenía la licencia de usar un color un tanto especial: el negro, mientras que usaba el rojo para las calificaciones. Las notas (y errores) en controles y exámenes nos llegaban con un veredicto en ese color.

A medida que "escalábamos peldaños" en el ciclo educativo, y ganábamos en altura y edad, las cosas cambiaban. A partir del Ciclo Medio, lo que ahora sería la Secundaria y, antes, el quinto o sexto curso de la EGB, empezábamos a tener una mayor libertad. Podíamos elegir entre usar bolígrafo azul, o negro, e incluso si queríamos (y si éramos lo suficientemente "hombres" para ello, o locos...) podíamos usar el rojo para escribir todo el tiempo. Los profesores también gozaban de cierta libertad, yo tenía uno que siempre corregía los exámenes con bolígrafo de tinta verde, de esta manera sus correcciones eran más sutiles, no te hacía destacar los errores a rojo, sino que al ponértelos en verde era como si señalase recomendaciones hacia dónde debías mejorar. Me parecía una genial idea, aunque era el único que hacía ésto.

Los tres productos que marcaron tu infancia


Seguramente si nos pusiéramos a realizar un listado entre la mayoría de nosotros, respecto a los artículos que solíamos usar en nuestra infancia, habría algunas cosas que se repetirían y, entre ellas, las que más se nombrarían serían estas tres: un F-91 de Casio, el bolígrafo de Bic, y las tiritas o apósitos de Hansaplast.

El bolígrafo de Bic es esencial, se trata de uno de esos artículos al que todos recurríamos o bien como nuestro bolígrafo habitual o, en el caso de que tuviésemos otro modelo favorito, como un Inoxcrom Rocky, para casos de apuro.

De tarjetas, chips, y demás "modernidades" cotidianas


La mayoría de nosotros seguramente llevamos cada día multitud de tarjetas en nuestras carteras, bolsos, mochilas o "mariconeras". Algunas las utilizamos para el supermercado, otras son tarjetas de fidelidad para diversos medios de transporte y, otras, son tarjetas que usamos como medio de pago.

Como diversas son las tarjetas, diversos son los medios de soporte en los cuales viaja nuestra información. Las más sencillas incorporan simplemente un número, mientras que las más avanzadas llevan un chip.