
Lejos de los estereotipos de hombres de fortuna y con poder que se mueven en la acción y el prestigio social, altos ejecutivos y estrellas policíacas y famosos, "El Imperio" nos presenta unas protagonistas totalmente diferentes. Ellas no son las que corren a los brazos de "su hombre" para que las salve, o las que aparecen en el último fotograma (o en la última página de una novela) besando al protagonista masculino como "premio" por su heroica acción. Ni mucho menos. Son, más bien, ellos, los hombres, los que corren a sus brazos, y son ellas, las mujeres, quienes toman las decisiones, "parten el bacalao" y, en definitiva, tienen el poder y la resolución. En la mayoría de las ocasiones, son ellas quienes también tienen el control de la situación, y quienes deciden cómo actuar. Son, en suma, mujeres de su tiempo, mujeres que no aspiran a los altos escalafones de las grandes firmas multinacionales, para ocupar un sitio en sus consejos de administración como si ahí se acabasen sus aspiraciones y no pudieran llegar a más. Ni mucho menos: ellas son las que deciden, administran y otorgan esos puestos. Ellas presiden y dirigen, y no solamente participan de las decisiones estratégicas en las más importantes compañías del planeta, sino que ellas son las que tienen, además, la última palabra. Eso es algo que es muy necesario en el mundo de las finanzas, y que también lo era -y lo sigue siendo- en el mundo de la ficción, para darles a las mujeres el importante papel que se merecen y que, por desgracia, pocas veces es reconocido.
Desde que viera la luz "
El Imperio I", la saga no ha parado de crecer. Sus escenarios, variedad de posibilidades y de elementos que forman estas novelas es tal, que da pie a que con ellas puedas jugar de todas las formas posibles. Con la última, "
Jerhoj", resultaba demasiado atrayente la idea de llevar el mundo de la radio a la literatura, conformando una novela corta que incluyera esos ingredientes en un formato radiofónico, que el lector pudiera leer y seguir como una relato, pero a la vez pudiera disfrutar de la ambientación (y la nostálgica atmósfera, e intimista) de la radio.