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27/11/18

Nueva recopilación de relatos cortos de El Imperio: Catedral


El nuevo volumen de relatos cortos pertenecientes a la saga de "El Imperio" está dedicado al mundo de las catedrales, en concreto de una impactante catedral gótica que, bajo el impulso de las Sjoberg, emergerá de las ruinas en Suiza. Si explicamos lo que es, y lo que era en su momento, una catedral, poco queda que añadir. De manera que esta breve introducción de Mark Galli nos servirá de excelente resumen y acercamiento a este nuevo libro.


Catedrales.

Las proporciones de estos edificios llevó a la arquitectura medieval hasta su límite. Se requerían enormes cantidades de materiales. La catedral de Ely, en Inglaterra, necesitó más de 360.000 kilos de madera y piedra para su finalización. En Francia se deforestaron bosques enteros para completar algunos proyectos. Se importaron de Escandinavia troncos de 80 metros de largo. La piedra empleada para la catedral de Norwich se trasladó desde 483 kilómetros de distancia (haciendo que el coste del envío doblara el precio de la propia piedra).

Tuvo que construirse nueva maquinaria. Para elevar las pesadas piedras labradas hasta el tejado de la catedral, los obreros usaban cabrestantes, tornos y una "gran rueda", una rueda de madera lo suficientemente amplia como para que dos fornidos hombres pudieran ponerse de pie dentro de ella y hacerla girar.


El trabajo parecía no acabarse nunca. Aunque algunas vidrieras tenían hasta 18 metros de altura, debían seguir haciéndose con piezas de no más de 20 centímetros de alto o de ancho. Esto da una idea del laborioso trabajo. Las catedrales tenían también docenas, si no centenares, de esculturas (la catedral de Chartres tiene en la actualidad más de 2.000 esculturas).

Y también se requería paciencia: algunas catedrales tardaban más de 100 años en construirse, y algunos obispos durante todo su obispado celebraban misas en medio de un enorme emplazamiento en plena construcción. Aún así, a pesar de los enormes desafíos arquitectónicos y económicos, durante un periodo de 400 años el gótico cautivó a las mentes más brillantes y Europa asistió a la construcción de 500 catedrales.

"El Imperio: Catedral" ya está disponible a tu disposición a través de Amazon.


| Redacción: Bia Namaran

19/8/18

La saga de "El Imperio": las mujeres al poder


Lejos de los estereotipos de hombres de fortuna y con poder que se mueven en la acción y el prestigio social, altos ejecutivos y estrellas policíacas y famosos, "El Imperio" nos presenta unas protagonistas totalmente diferentes. Ellas no son las que corren a los brazos de "su hombre" para que las salve, o las que aparecen en el último fotograma (o en la última página de una novela) besando al protagonista masculino como "premio" por su heroica acción. Ni mucho menos. Son, más bien, ellos, los hombres, los que corren a sus brazos, y son ellas, las mujeres, quienes toman las decisiones, "parten el bacalao" y, en definitiva, tienen el poder y la resolución. En la mayoría de las ocasiones, son ellas quienes también tienen el control de la situación, y quienes deciden cómo actuar. Son, en suma, mujeres de su tiempo, mujeres que no aspiran a los altos escalafones de las grandes firmas multinacionales, para ocupar un sitio en sus consejos de administración como si ahí se acabasen sus aspiraciones y no pudieran llegar a más. Ni mucho menos: ellas son las que deciden, administran y otorgan esos puestos. Ellas presiden y dirigen, y no solamente participan de las decisiones estratégicas en las más importantes compañías del planeta, sino que ellas son las que tienen, además, la última palabra. Eso es algo que es muy necesario en el mundo de las finanzas, y que también lo era -y lo sigue siendo- en el mundo de la ficción, para darles a las mujeres el importante papel que se merecen y que, por desgracia, pocas veces es reconocido.

Desde que viera la luz "El Imperio I", la saga no ha parado de crecer. Sus escenarios, variedad de posibilidades y de elementos que forman estas novelas es tal, que da pie a que con ellas puedas jugar de todas las formas posibles. Con la última, "Jerhoj", resultaba demasiado atrayente la idea de llevar el mundo de la radio a la literatura, conformando una novela corta que incluyera esos ingredientes en un formato radiofónico, que el lector pudiera leer y seguir como una relato, pero a la vez pudiera disfrutar de la ambientación (y la nostálgica atmósfera, e intimista) de la radio.